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La noticia corriócomounreguerodepólvora, y prácticamente
todo el Club estaba allí a las diez de la noche. Etienne
portador de la llave, Wong inclinándose hasta el suelo para
contrarrestar la furiosa recepción de la portera, mais qu'est
ce qu'ils viennent fiche, non mais vraiment ces étrangers,
écoutez, je veux bien vous laisser monter puisque vous dites
que vous êtes des amis du vi... de monsieur Morelli, mais
quand même il aurait fallu prévenir, quoi, une bande
qui s'amène à dix heures du soir, non, vraiment, Gustave,
tu devrais parler au syndic, ça devient trop con, etc., Babs
armada de lo que Ronald llamaba the alligator's smile, Ronald entusiasmado
y golpeando a Etienne en la espalda, empujándolo para que
se apurara, Perico Romero maldiciendo la literatura, primer piso
RODEAU, FOURRURES, segundo piso DOCTEUR, tercer piso HUSSENOT, era
demasiado increíble, Ronald metiendo un codo en las costillas
de Etienne y hablando mal de Oliveira, the bloody bastard, just
another of his practical jokes I imagine, dis donc, tu vas me foutre
la paix, toi, París no es más que esto, coño,
una puñetera escalera atrás de otra, ya está
uno más harto de ellas que del quinto carajo. Si tous les
gars du monde... Wong cerrando la marcha, Wong sonrisa para Gustave,
sonrisa para la portera, bloody bastard, coño, ta gueule,
salaud. En el cuarto piso la puerta de la derecha se abrió
unos tres centímetros y Perico vio una gigantesca rata de
camisón blanco que espiaba con un ojo y toda la nariz. Antes
de que pudiera cerrar otra vez la puerta, calzó un zapato
adentro y le recitó aquello de entre las serpientes, el basilisco
crió la natura tan ponzoñoso y conquistador de todas
las otras, que con su silbo las asombra y con su venida las ahuyenta
y desparce, con su vista las mata. Madame René Lavalette,
née Francillon, no entendió gran cosa pero contestó
con un bufido y un empujón, Perico sacó el zapato
1/8 de segundo antes, PLAF. En el quinto se pararon a mirar cómo
Etienne introducía solemnemente la llave.
—No puede ser —repitió por última vez Ronald—.
Estamos soñando, como dicen las princesas de la Tour et Taxis.
¿Trajiste la bebida, Babsie? Un óbolo a Caronte, sabés.
Ahora se va abrir la puerta y empezarán los prodigios, yo
espero cualquier cosa de esta noche, hay como una atmósfera
de fin del mundo.
—Casi me destroza el pie la puñetera bruja —dijo
Perico mirándose el zapato—. Abre de una vez, hombre,
ya estoy de escaleras hasta la coronilla.
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Pero la llave no andaba, aunque Wong insinuó que en las
ceremonias iniciáticas los movimientos más sencillos
se ven trabados por Fuerzas que hay que vencer con Paciencia y Astucia.
Se apagó la luz. Alguno que saque el yesquero,
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coño. Tu pourrais quand même par- ler français, non? Ton copain l'argen- cul n'est pas là pour piger ton cha- rabia. Un fósforo, Ronald. Maldita llave, se ha herrumbrado, el viejo la guardaba dentro de un vaso con agua. Mon copain, mon copain, c'est pas mon copain. No creo que venga. No lo conocés. Mejor que vos. Qué va. Wanna bet something? Ah merde, mais c'est la tour de Babel, ma pa- role. Amène ton briquet, Fleuve Jau- ne de mon cul, la poisse, quoi. Los días del Yin hay que armarse de Pa- ciencia. Dos litros pero del bueno. Por Dios, que no se te caigan por la escalera. Me acuerdo de una noche, en Alabama. Eran las estrellas, mi amor. How funny, you ought to be in the radio. Ya está, empieza a dar vueltas, estaba atascada, el Yin, por supuesto, stars fell in Alabama, me ha dejado el pie hecho una mierda, otro fósforo, no se ve nada, où qu'elle est, la minuterie? No funciona. Al- guien me está tocando el culo, amor
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mío... Sh... Sh... Que entre primero Wong para exor- cizar a los demonios. Oh, de ninguna manera. Dale un empujón, Perico, total es chino.
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—A callarse —dijo Ronald—. Esto es otro territorio,
lo digo en serio. Si alguien vino a divertirse, que se mande mudar.
Dame las botellas, tesoro, siempre acaban por caérsete cuando
estás emocionada.
—No me gusta que me anden sobando en la oscuridad —dijo
Babs mirando a Perico ya Wong.
Etienne paseó lentamente la mano por el marco interior de
la puerta. Esperaron callados a que encontrara la llave de la luz.
El departamento era pequeño y polvoriento, las luces bajas
y domesticadas lo envolvían en un aire dorado donde el Club
primero suspiró con alivio y después se fue a mirar
el resto de la casa y se comunicó impresiones en voz baja;
la reproducción de la tableta de Ur, la leyenda de la profanación
de la hostia (Paolo Uccello pinxit), la foto de Pound y de
Musil, el cuadrito de De Stäel, la enormidad de libros por
las paredes, en el suelo, las mesas, en el water, en la minúscula
cocina donde había un huevo frito entre podrido y petrificado,
hermosísimo para Etienne, cajón de basura para Babs,
ergo discusión sibilada mientras Wong abría respetuoso
el Dissertatio de morbis a fascino et fascino contra morbos,
de Zwinger, Perico subido en un taburete como era su especialidad
recorría una ringlera de poetas españoles del siglo
de oro, examinaba un pequeño astrolabio de estaño
y marfil, y Ronald ante la mesa de Morelli se quedaba inmóvil,
una botella de coñac debajo de cada brazo, mirando la carpeta
de terciopelo verde, exactamente el lugar para que se sentara a
escribir Balzac y no Morelli. Entonces era cierto, el viejo había
estado viviendo ahí, a dos pasos del Club, y el maldito editor
que lo declaraba en Austria o la Costa Brava cada vez que se le
pedían las señas por teléfono. Las carpetas
a 1a derecha y a la izquierda, entre veinte y cuarenta, de todos
colores, vacías o llenas, y en el medio un cenicero que era
como otro archivo de Morelli, un amontonamiento pompeyano de ceniza
y fósforos quemados.
—Tiró la naturaleza muerta a la basura —dijo Etienne,
rabioso—. Si llega a estar la Maga no le deja un pelo en la
cabeza. Pero vos, el marido...
—Mirá —dijo Ronald, mostrándole la mesa
para calmarlo—. Y además Babs dijo que estaba podrido,
no hay razón para que te empecines. Queda abierta la sesión.
Etienne preside, qué le vamos a hacer ¿Y el argentino?
—Faltan el argentino y el transilvanio, Guy que se ha ido
al campo, y la Maga que anda vaya a saber por dónde. De todos
modos hay quórum. Wong, redactor de actas.
—Esperamos un rato a Oliveira y a Ossip. Babs, revisora de
cuentas.
—Ronald, secretario. A cargo del bar. Sweet, get some glasses,
will you?
—Se pasa a cuarto intermedio —dijo Etienne, sentándose
a un lado de la mesa—. El Club se reúne esta noche para
cumplir un deseo de Morelli. Mientras llega Oliveira, si llega,
bebamos porque el viejo vuelva a sentarse aquí uno de estos
días. Madre mía, qué espectáculo penoso.
Parecemos una pesadilla que a lo mejor Morelli está soñando
en el hospital. Horrible. Que Conste en acta.
—Pero entre tanto hablemos de él —dijo Ronald
que tenía los ojos llenos de lágrimas naturales y
luchaba con el corcho del coñac—. Nunca habrá
otra sesión como ésta, hace años que yo estaba
haciendo el noviciado y no lo sabía. Y vos, Wong, y Perico.
Todos. Damn it, I could cry. Uno se debe sentir así cuando
llega a la cima de una montaña o bate un récord, ese
tipo de cosas. Sorry.
Etienne le puso la mano en el hombro. Se fueron sentando alrededor
de la mesa. Wong apagó las lámparas, salvo la que
iluminaba la carpeta verde. Era casi una escena para Eusapia. Paladino,
pensó Etienne que respetaba el espiritismo. Empezaron a hablar
de los libros de Morelli ya beber coñac.
(Según el Tablero de dirección de Rauela, este capítulo viene del: -105) (Para seguir el orden del Tablero de dirección: -94) (Antes y después, en el orden corriente: -95 / -97)
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