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Poetas universales

Luis G. Urbina

 

Vida

Luis Gonzaga Urbina nació en la ciudad de México el 8 de febrero de 1868. Poco se sabe de su niñez, que parece haber pasado en la necesidad y la pobreza. Muy joven, acaso sin haber terminado más que sus estudios en la Escuela Primaria Superior, entró al periodismo.

Fue cronista y crítico teatral en diversos diarios y revistas, entre otros El Mundo Ilustrado y El Imparcial. Perteneció al grupo de la revista Azul, fundada por Manuel Gutiérrez Nájera.

Murió en Madrid el 18 de Noviembre de 1934; el 11 de diciembre llego su cadáver a Veracruz. Esta enterrado en la rotonda de los Hombres Ilustres.

Obra:

En colección Fondo 2000 del Fondo de Cultura Económica (http://www.fondodeculturaeconomica.com/), puedes encontrara de él: Mañana de sol y otros poemas.

De la cuarta de forros: En palabras de Octavio Paz, la poesía de Luis G. Urbina (1864-1934) "es una graciosa colina, que todos contemplamos con amor y a la que subimos con cierta nostálgica facilidad".

En editorial Porrúa (http://www.porrua.com/) se editó la obra Antología del Centenario (1910), obra realizada en colaboración con otros escritores.

Otras obras:

Ingenuas (1902), Puestas de sol (1910), Lámparas en agonía (1914), El glosario de la vida vulgar (1916), El corazón juglar (1920), Los últimos pájaros (1924) y El cancionero de la noche serena (1941). Entre sus relatos: Cuentos vividos y crónicas soñadas (1915), Bajo el sol y frente al mar (1916), Hombres y libros (1923) y Psiquis enferma (1922), La vida literaria de México (1917).


Valoración:

Este gran poeta mexicano deleita a sus lectores con una combinación extraordinaria de lo que es el romanticismo conjuntamente con el modernismo, enfocándose principalmente a los sentimientos y a la imaginación sobre la razón, dando como resultado en sus obras un exquisito deleite literario en sus poemas y ensayos.

Algunos de sus poemas:

ASÍ FUE

Lo sentí; no fue una
separación, sino un desgarramiento;
quedó atónita el alma, y sin ninguna
luz, se durmió en la sombra el pensamiento.

Así fue; como un gran golpe de viento
en la serenidad del aire. Ufano,
en la noche tremenda,
llevaba yo en la mano
una antorcha con qué alumbrar la senda,
y que de pronto se apagó; la oscura
asechanza del mal y del destino
extinguió así la llama y mi locura.

Vi un árbol a la orilla del camino,
y me senté a llorar mi desventura.
Así fue, caminante
que me contemplas con mirada absorta
y curioso semblante.

Yo estoy cansado, sigue tú adelante;
mi pena es muy vulgar y no te importa.
Amé, sufrí, gocé, sentí el divino
soplo de la ilusión y la locura;
tuve la antorcha, la apagó el destino,
y me senté a llorar mi desventura
a la sombra de un árbol del camino.


MADRIGAL

Déjame amar tus claros ojos. Tienen
lejanías sin fin, de mar y cielo,
y sus fulgores apacibles vienen
hasta mi corazón como un consuelo.

Deja que con tus ojos, se iluminen
mis viejas sombras y se vuelvan flores;
deja que con tus ojos se fascinen,
como aves de leyenda, mis dolores.

Que vea en ellos astros errabundos,
que en ellos sueñe inexplorados mundos
que en ellos bañe mi melancolía...
Son tristes, luminosos y profundos,
como puestas de sol, amada mía.....

 

METAMORFOSIS

Era un cautivo beso enamorado
de una mano de nieve que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de un ave en agonía.
Y sucedió que un día,
aquella mano suave
de palidez de cirio,
de languidez de lirio,
de palpitar de ave,
se acercó tanto a la prisión del beso,
que ya no pudo más el pobre preso
y se escapó; más, con voluble giro,
huyó la mano hasta el confín lejano,
y el beso, que volaba tras la mano,
rompiendo el aire, se volvió suspiro.

 

LUBRICA NOX

Miré, airado, tus ojos, cual mira agua un sediento,
mordí tus labios como muerde un reptil la flor;
posé mi boca inquieta, como un pájaro hambriento,
en tus desnudas formas ya trémulas de amor.

Cruel fue mi caricia como un remordimiento;
y un placer amargo, con mezcla de dolor,
se deshacía en ansias de muerte y de tormento;
de frenesí morboso de angustia y de furor.

Faunesa, tus espasmos fueron una agonía.
¡Qué hermosa estabas ebria de deseo, y qué mía
fue tu carne de mármol luminoso y sensual!

Después, sobre mi pecho, tranquila te dormiste
como una dulce niña, graciosamente triste
que sueña ¡sobre el tibio regazo maternal!

 

REDENCIÓN

Te quiero porque en tu alma vive el germen
de ternura infinita,
como diáfana gota de rocío
sobre una flor marchita.

Te quiero porque he visto doblegarse
tu espléndida cabeza;
porque sé bien que en medio de la orgía
te invade la tristeza;

porque has pasado por la senda estrecha
en los grandes zarzales de la vida,
sin desgarrar tus blancas vestiduras,
sin hacerte una herida;

porque has ido pidiendo por el mundo,
con el candor de un niño,
a cada corazón a que has tocado,
un poco de cariño;

porque indica profundo sufrimiento
tu pálida mejilla;
porque en tus ojos que placer irradian
también el llanto brilla.

Te quiero. Nada importa que cansado
tu espíritu se aduerma;
yo lo habré de animar, yo daré aliento
a tu esperanza enferma.

¡Mariposa que fuiste entre las flores
dejando tus bellezas y tus galas,
yo volveré a poner el polvo de oro
sobre tus leves alas.

Fuentes consultadas:

  • http://www.geocities.com/cibcit/Urbina/Urbinafavs.html (para la fotografía)
  • http://members.fortunecity.com/mundopoesia2/
    autores/luis_gonzaga_urbina.htm (poemas y biografía)

Redactores:

David Flores García (4-14) y Eduardo Hernández Jiménez (4-14). 1 de marzo de 2003.

 
   
   
Última actualización del sitio: 15 de mayo de 2003
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