|
¿Qué esperas?
Absolutamente nada.
( el consonante fácil y sobado
viene en tu auxilio. Perro acostumbrado
se te acerca, te huele, echa una mirada.)
Pensabas escribir?
Bueno. Si cada
noche hicieras un soneto...
Di que el Hado
Te lo impidió. Que inútil y castrado,
vuelves atrás en vano la mirada.
Que al espejo te asomas, derrotado;
que ves tu piel, otrora acariciada,
escurrir por tu cuerpo deformado.
Que todo se acabó. Que la soñada
dicha... Que en un instante inesperado,
esperas...
que me lleve la chingada.
Publicado en La Jornada Semanal, 12 de enero de 1997.
|