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Esta
leyenda ha pasado de generación en generación;
las ancianas solían ponerse en el jardín a platicar
del hombre patas de carrizo.
Así comienza la historia: con las personas de un pueblo
llamado La Soledad, entre los que había de muy mal
de carácter, los que engañaban a sus mujeres
y los que eran muy borrachos.
Cuentan que cuando las personas con estas características
regresaban a su casa, veían que las calles estaban
muy solas, sentían un aire muy frío y de pronto
se acercaba un sujeto al cual no se le veía la cara,
pero sí sus enormes patas de carrizo.
Este fantasma se ponía enfrente de sus víctimas
y cuando aquellas pasaban entre sus enormes patas de carrizo,
eran transportados misteriosamente a otro lugar, desconocido
por la persona.
Estas personas que eran transportadas regresaban después
de días, meses y hasta años, no regresaban a
hacer lo que acostumbraban si no a platicar de lo que les
había pasado y cómo se maravillaban de su regreso.
Las personas del pueblo lo único que decían
era: "Fue otra de sus borracheras".
Lo extraño es que los hombres o mujeres no volvían
a probar una sola gota de alcohol, no volvían a ser
infieles con su pareja y su carácter era siempre agradable;
en fin, las personas al toparse con el señor patas
de carrizo cambiaban totalmente.
(Nota: Relato de tradición oral de San Pedro, Guanajuato.
Esta versión fue contada por la señora Cándida
Zúñiga Pérez, de 75 años)
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