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Argumento de la Ilíada

[Reyes, Alfonso. "Prólogo", en Homero. Ilíada. 17ª. ed. Ver. de Luis Segala y Estalella. México. Ed. Porrúa. 1975. pp. xxii-xxxii.]

(Se incluye el resumen de aquellos cantos que no es obligatorio leer para este semestre) (¡Mala idea, deberían leerlo completo!)

Rapsodia I.- La peste, la querella y la indignación de Aquiles.

Rapsodia II.-El sueño, la prueba, el catálogo de las naves y la enumeración de las fuerzas de los teucros y sus aliados. La acción del poema, desde esta rapsodia hasta la X, no obedece a un plan muy claro y aun ofrece algunas contradicciones. La continuación natural del primer canto sólo se reanuda en el onceno. a) El sueño: Zeus envía a Agamemnón un sueño engañoso prometiéndole la cercana victoria. b) Agamemnón quiere probar a sus hombres, dándose por perdido y exhortando a todos a abandonar la guerra, para luego, por un vuelco patético, enardecerlos de nuevo animándolos a continuar. Odiseo detiene a los aqueos cuando ya están de veras apunto de darse por vencidos y embarcar de nuevo rumbo a Grecia. Nueva asamblea para levantar los ánimos. Odiseo castiga al "derrotista" Tersites, única voz popular que se oye en la Ilíada contra los abusos de los jefes. c) Sea un fragmento del texto arcaico o una interpolación posterior, aquí aparece un catálogo de las fuerzas aqueas y troyanas, documento en todo caso muy viejo y que nos ilustra sobre la geografía política en los tiempos micénicos, base de largos y eruditos estudios. Se dice que aquí se han deslizado adiciones intencionadas para halagar orgullos locales o que revelan las ambiciones imperialistas, por ejemplo, de Atenas sobre Salamina. La presencia de pueblos asiáticos entre los aliados de Troya da al conflicto un carácter intercontinental. Ya el viejo historiador Heródoto considera la Guerra Troyana como uno de tantos hitos en la eterna lucha del Occidente contra el Oriente, simbolizada en una cadena de raptos (Ío, Europa, Medea, Helena) y que al cabo parará en las guerras persas.

Rapsodia III.-Desafío de Paris, Helena en las murallas, el pacto, el duelo singular, Paris y Helena, intimación de los aqueos

Rapsodia IV.-El pacto violado, la revista militar de Agamemnón r primeros incidentes bélicos.a) A instancias de Hera, empeñada, en la completa ruina de Ilión ("los dioses tienen sed"), y para que la guerra no acabe con el cumplimiento del pacto y la derrota virtual de Paris, Zeus encarga a Atenea que complique la situación con algún desmán del bando troyano. Pándaro, mal aconsejado por Atenea disfrazada de guerrero, hiere a Menelao de un flechazo. b) Agamemnón; indignado ante esta traición, recorre a pie las filas disponiéndose para el ya inevitable combate. c) Los primeros incidentes bélicos cubren el campo de cadáveres. Los hombres caen atravesados por lanza o flecha, o bien segados por la daga, "y la oscuridad envuelve sus ojos". La muerte es ante todo una privación de la luz física. Los muertos, como las avestruces, se hacen invisibles por cuanto han dejado de ver. d) Adviértanse los incidentes de la revista militar: Agamemnón encomia a Idomeneo, jefe cretense; a los dos Áyax; al anciano Néstor, el veterano de la Ilíada, siempre buen consejero, y algo gárrulo como todos los viejos cuando insiste en recordar las hazañas de su juventud; quiere reprender a Odiseo, que no se apresuraba por no haber oído la orden de disponerse a la lucha. Odiseo rechaza la reprensión, y Agamemnón se disculpa. Quiere igualmente, en su impaciencia, reprender al bravo Diomedes ya Esténelo. Aquél calla disciplinariamente, pero Esténelo rechaza como injustas las palabras del Rey de Reyes.

Rapsodia V.-Hazañas de Diomedes. En la Ilíada hay fragmentos consagrados a las hazañas individuales de éste o de aquel héroe. Estos apogeos heroicos se llaman "principalías" o "aristías" La aristía de Diomedes domina toda esta rapsodia y .la primer mitad de .la siguiente. (La de Agamemnón ocupa la rapsodia XI; la de Áyax, la XIII; la de Menelao, la, XVII.) Atenea infunde ánimos a Diomedes, le concede el don de reconocer a los dioses que andan mezclados con los hombres en el campo de batalla, y lo alienta para que combata contra ellos. Diomedes retrocede ante Apolo, pero hiere y expulsa del campo a Afrodita y al propio Ares. Además de otras proezas, da muerte al flechero Pándaro, 'el que violó el pacto, y hiere a Eneas. Entre los incidentes secundarios, descuella el encuentro del Heraclida Tlepólemo, nieto de Zeus, con Sarpedón, hijo de Zeus; y además, la intervención de Hera y Atenea por los aqueos, así como Apolo, Afrodita y Ares han intervenido por los troyanos.

Rapsodia VI.-Adioses de Héctor y Andrómaca. a) Esta rapsodia continúa la descripción de las hazañas de Diomedes, desde el instante en que, con la expulsión de Ares, los combatientes quedan entregados a sus propias fuerzas. b) Las damas troyanas piden el favor de Atenea. c) Hermoso encuentro entre Glauco y Diomedes que, en medio del combate, y en nombre de la amistad que unió a sus padres, suspenden la lucha y cambian sus armas como una prueba de cordialidad. d) Héctor vuelve por unas horas a la ciudad, donde su madre y las damas troyanas imploran a Atenea. e) Héctor encuentra a Andrómaca en las murallas. Se despiden: una de las más conmovedoras escenas de la epopeya. Él sabe que morirá. Ella lo llora por muerto. Su hijo Astianax, a quien pronto los aqueos arrojarán de lo alto de los muros, se asusta y llora ante los arreos militares de Héctor. Escena de risas y lágrimas entremezcladas. f) Héctor y Paris vuelven al Combate.

Rapsodia VII.-Combate entre Héctor y Áyax. a) Llega a su ocaso el largo día de combate que comenzó en la rapsodia II, con el duelo. singular entre Héctor, jefe troyano y Áyax, rey de Salamina. La Ilíada es una serie de torneos individuales en que se complace un auditorio experto en los lances de armas. Ambos contrincantes pelean denodadamente sin poder tocarse, aunque Áyax domina. Los heraldos detienen el combate ante la llegada de la noche "que quiere ser respetada". Ambos héroes se cambian presentes y se elogian caballerescamente al suspender el combate. b) A la mañana siguiente, aqueos y troyanos pactan una tregua para incinerar a sus muertos, y los aqueos levantan un muro de protección para sus naves. Los troyanos, en tanto, resuelven devolver: las riquezas de Helena, pero no a Helena, lo que rechazan los aqueos. Éstos reciben provisiones de Lemnos. Al parecer un día pasa en la incineración de los muertos, y otro en levantar el muro aqueo.

Rapsodia VIII.-Batalla interrumpida. En la rapsodia I, Zeus ha ofrecido a Tetis vengar el agravio infligido a Aquiles por Agamemnón, permitiendo algún progreso de las fuerzas troyanas. A este fin, engaña a Agamemnón con falsas esperanzas en la rapsodia II. Después, permite que los dioses mantengan la victoria indecisa, auxiliando a sus respectivos favoritos. En esta VIII rapsodia Zeus aparece ya resuelto a obrar en persona, prohíbe las intromisiones divinas, se instala en el Monte Ida a vigilar los combates por Sí mismo, ahuyenta con sus rayos a los aqueos, detiene la triunfal carrera de Diomedes y de Teucro, impide la intervención de Hera y Atenea, permite que Héctor rechace a los aqueos y los encierre en su fortaleza. Los troyanos se sienten. sostenidos por Zeus, pero los detiene la llegada de la noche. Zeus explica a los dioses sus planes: Héctor seguirá triunfando hasta que, muerto Patroclo, Aquiles, para vengarlo, resuelva volver al combate. Entretanto, los troyanos tienen algún respiro, encienden fogatas y luminarias nocturnas por precaución, desuncen los carros, ofrecen sacrificios. Algunos dormitan junto al fuego. Destellan las aguas junto al Escamandro.

Rapsodia IX.- Embajada a Aquiles.

Rapsodia X.- Dolonía.

Rapsodia Xl.-La gran batalla, tercera que presenciamos en la Ilíada, va a prolongarse hasta la rapsodia XIV. Aquí se reanuda el hilo interrumpido al acabar la rapsodia I, y los críticos creen reconocer aquí el primitivo estrato del poema. Es la aristía de Agamemnón que, habiendo sido herido, tiene que retirarse. Odiseo pelea denodadamente, y Áyax y Menelao lo salvan de un cerco de enemigos. Todos van quedando heridos y se alejan uno tras otro. El último, Áyax, se defiende palmo a palmo. La acción bélica ha llegado aquí a su apogeo. Aquiles envía a su amigo y teniente Patroclo para pedir nuevas del herido Macaón en la tienda de Néstor, quien le aconseja que, puesto que Aquiles se niega a combatir, permita que Patroclo salga con los mirmidones al campo, revistiendo los arreos de Aquiles para atemorizar a los enemigos. De regreso a sus barracas, Patroclo se detiene a atender a Eurípilo, otro combatiente maltrecho.

Rapsodia XII.-Lucha junto al muro. Los troyanos logran replegar a los aqueos, según la promesa de Zeus a Tetis al comienzo del poema, Los aqueos se encierran tras el muro que han levantado en la rapsodia VII. Los troyanos, en cinco poderosas columnas, llegan hasta el muro, y son dueños del campo ("Ticomaquia").

Rapsodia XIII.-Lucha junto a .las naves. El empellón de los troyanos repliega a los aqueos hasta la misma playa, donde las naves son su última línea defensiva. Alentados por Posidón en disfraz humano, los aqueos, en un contra-ataque desesperado, logran detener a sus perseguidores. El cretense Idomeneo y Áyax Telamonio, en una verdadera aristía o apogeo hazañoso, atajan a Héctor. Otras hazañas: Deífobo, Eneas, Antíloco, Menelao.

Rapsodia XIV.-Ardid de Hera. Agamemnón, atemorizado, plantea el desistimiento del sitio y, como de costumbre, lo rebate Diomedes. Hera, divina hembra de sacras cóleras y caprichosos arrebatos, resuelve amparar a los aqueos. Ungida y perfumada, ataviada con sus mejores lujos, ceñida con ese famoso e irresistible cinturón de Afrodita, seduce a Zeus. Éste, ofuscado, incurre entonces en ese error de masculina jactancia que los helenistas llaman "el incidente de Leporello. (alusión al criado de "Don Giovanni" en Mozart y de "Don Juan" en El libertino de Shadwell) y, para declarar su amor a la diosa, la compara y pone por encima de todas las hembras que antes ha seducido. Día -la que después será esposa de Ixión; Dánae, madre de Perseo; Europa, la hija de Fénix, Semele, madre de Diónisio; Alcmena, madre de Héracles; Latona, madre de Artemis y Apolo... Al fin Zeus se adormece en brazos de Hera (Dios apátee, el despego de Dios) y ella hace que el marítimo Posidón ayude entre tanto a los aqueos, que al fin rechazan a los troyanos. Héctor, herido de una pedrada por Áyax, retrocede de mala gana. ¿Por qué ha sido necesario adormecer a Zeus para lograr alguna ventaja de los aqueos? Porque Zeus, en la rapsodia I, ha ofrecido a Tetis, para vengar a Aquiles, hijo de la Nereida, agraviado por Agamemnón, permitir los progresos de las fuerzas troyanas a fin de que mejor se sienta la falta que hace Aquiles entre los aqueos. y esta promesa de Zeus, que simplemente retarda el inevitable derrumbe final de Troya decretado por el destino, aún no cesa en sus efectos.

Rapsodia XV.- Ofensiva hacia las naves. Desde este canto hasta el XIX se desenvuelven los episodios en tomo a Patroclo, el segundo de Aquiles, o "La Patroclea". La suerte estaba indecisa. Pero Zeus despierta de su sueño. Enfurecido, ordena a Posidón que se retire del campo y manda a Apolo en ayuda de los troyanos. Héctor -ya recuperado- ataca con redoblado denuedo a los aqueos. En tanto, Áyax defiende bravamente las naves y salta de una en otra como el acróbata de uno en otro caballo. Patroclo, que salió al campo para recoger noticias en la rapsodia XI, vuelve a la tienda de Aquiles dispuesto a convencerlo de que abandone su "aislacionismo".

Rapsodia XVI.-Muerte de Patroclo.

Rapsodia XVII.-Aristía de Menelao.

Rapsodia XVIII.-Las armas de Aquiles. Estalla por segunda vez la pasión de Aquiles, y esta vez al saber la muerte de Patroclo. Su madre Tetis y un coro de Nereidas acuden a consolarlo. Decide al fin volver al combate, con el ánimo de vengar la muerte de su amigo. Desde lejos, contempla el campo y lanza un tremendo alarido de ira que espanta a los troyanos. Como sus armas, que Patroclo había revestido, han quedado en manos de Héctor, Tetis hace que el dios herrero, Hefesto, fabrique para él una nueva armadura. La descripción del escudo que éste hace para Aquiles es una noble pieza, cuyos motivos labrados representan la vida y los usos del pueblo aqueo. Modelo de toda literatura ulterior sobre objetos de arte imaginarios, inspirará el poema hesiódico del Escudo de Héracles y, en la decadencia de las letras griegas, a través de los iconos o pinturas fingidas de los Filóstratos, proporcionará uno de los elementos que contribuyan al nacimiento de la novela. Los restos de Patroclo vuelven a manos de Aquiles.

Rapsodia XIX.-"Catástrofe" o vuelco de pasiones. Poseído de la sed de venganza, Aquiles acepta el reconciliarse con Agamemnón. Briseida vuelve a la tienda de Aquiles y llora sobre el cadáver de Patroclo. Aquiles reviste su nueva armadura, sube al carro y habla a sus caballos divinos, Janto y Balio (Bayo y Tordillo) .El primero, dotado un instante de habla por especial merced de Hera, culpa a Apolo del robo de las anteriores armas de Aquiles, que Patroclo llevaba consigo y han parado en manos de Héctor, y añade: "Por hoy, te salvaremos, pero sábete que los dioses apresuran ya el día de tu muerte." Nótese: a) Que ya Tetis ha prevenido a su hijo Aquiles de que, volver al combate, significará su muerte; b ) que, aunque Aquiles está ansioso por volver sin más a la pelea, Odisea recuerda que es indispensable (según el honor tradicional) reconciliarse antes formalmente y aceptar el pago ofrecido por Agamemnón. Agamemnón ofrece una disculpa pública, declarando que cometió una injusticia, cegado por una mala pasión (ate); c) que, como Aquiles se niega a comer por su estado de dolor y pasión, Tetis lo alimenta echando en su seno néctar y ambrosía.

Rapsodia XX.-"La Aquileida", o reaparición de Aquiles en el combate ocupa de los cantos XX a XXIV. Aquí empieza la cuarta gran batalla, en que se mezclan hombres y dioses, aunque éstos pronto se retiran. Aquiles, azote de muerte para los troyanos, a quienes barre a su paso, está apunto de quitar la vida a Eneas, pero Posidón lo rescata. (Gracias a lo cual,. poseemos la Eneida de Virgilio, poema que no hubiera existido si la epopeya homérica hace morir a Eneas en este punto.)

Rapsodia XXI.-a) Los elementos. Aquiles extermina huestes enteras de troyanos y da muerte a varios personajes eminentes, entre largos discursos genealógicos que son el deleite de los comentaristas. Los elementos mismos participan en la lucha. El río Escamandro o Janto, ayudado por él Simois, se hincha y desborda para estorbar el paso de Aquiles y permitir la huída de algunos troyanos. Pero el fuego de Hefesto cae entonces sobre el río y hace hervir y evaporar las aguas. La lucha de los elementos compromete nuevamente a los dioses, que otra vez bajan a probar sus armas. b) Teomaquia, ópera bufa, combate entre los dioses, de marcado sabor cómico, parangón del pasaje sobre "los amores de Ares y Afrodita" en la Odisea. Atenea derriba a Ares de una pedrada. y cuando Afrodita, sintiéndose guerrera (lo que por lo demás corresponde a cierta tradición muy vetusta y ya borrosa en la Ilíada) va a proteger a Ares, Atenea le aplica un formidable golpe en el plexo solar y la deja desfallecida. Entretanto, la madre Hera tira de las orejas a Artemis, y Posidón y Apolo se contentan con lanzarse denuestos. Tras el majestuoso descenso de los dioses ala tierra en la rapsodia XX, este fragmento resulta débil, y acaso sea .una interpolación.

Rapsodia XXII.-Muerte de Héctor.

Rapsodia XXIII.-Funerales de Patroclo.

Rapsodia XXIV.-Rescate de Héctor.

Como se ve, la Ilíada reposa sobre las siguientes bases: la rapsodia I, que determina la acción del poema; la IX, en que Aquiles, hasta aquí justificado, comienza a equivocar su conducta, dando lugar al choque trágico o conflicto entre dos energías: ni es del todo vituperable, ni es ya del todo simpático; en la rapsodia XVI, la testarudez de Aquiles provoca indirectamente su propio castigo; y en la rapsodia XXII acontece la verdadera catástrofe. Otras partes del poema desempeñan diferentes funciones: la rapsodia III, mantiene la suspensión; ofreciendo un posible escape a las desgracia que han de venir; la visita de Héctor a Ilión es un mero episodio que enriquece el conjunto; la X complementa la acción, disipando con una hazaña la atmósfera de "derrotismo" entre los aqueos; la XXIII nos proporciona brillantes retratos de los varios capitanes griegos, su temperamento y su conducta fuera de los instantes agudos del combate o el consejo de guerra; y la XXIV ofrece un precioso contraste entre la locura colérica de Aquiles y la magnanimidad de que es capaz cuando "revienta el absceso patético".

 

Octubre 2002